David es el autor de la mayoría de los salmos, pero evidentemente, algunos fueron compuestos por otros escritores, y aun se duda de quién fue el autor de algunos salmos. No obstante, todos fueron escritos por inspiración del Espíritu Santo. Ninguna otra parte del Antiguo Testamento es más frecuentemente citada o referida en el Nuevo Testamento que esta. Cada salmo apunta directamente a Cristo, sea a su Persona, y su carácter u oficios o puede dirigir hacia Él los pensamientos del creyente. Los salmos son el lenguaje del corazón del creyente, sea para lamentarse por el pecado,para expresar la sed de Dios o regocijarse en Él. Sea que estén cargados de aflicción, luchen con latentación o triunfen en la esperanza o gozo de la liberación; sea que admiren las perfecciones divinas, agradezcan a Dios sus misericordias, mediten en sus verdades o se deleiten en su servicio,forman una norma de vida divinamente establecida por la cual podemos juzgarnos a nosotrosmismos. El valor de ellos, desde este punto de vista, es muy grande, y su uso aumentará con elcrecimiento del poder de la verdadera religión en el corazón. El Espíritu nos ayuda a orar usando las expresiones del salmista. Si nos familiarizamos con los salmos, en todo lo que pidamos ante el tronode la gracia, confesión, petición o acción de gracias, podemos ser asistidos por ellos. Cualquiera sea la devota emoción que nos embarga, un deseo piadoso o una esperanza santa, tristeza o gozo, en los salmos podemos encontrar las palabras para revestirla, un hablar sano que no puede ser condenado.En el lenguaje de este libro divino se han elevado al trono de la gracia las oraciones y las alabanzasde la iglesia cada siglo.
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